ORIGEN NOBILIARIO

El apellido Bernabé, tiene su origen nobiliario en Báguena, una aldea de la comunidad de Daroca, hoy provincia de Teruel, donde la familia tenía su casa solar.

El hecho que dio gran renombre histórico a este apellido, fue la hazaña llevada a cabo por Miguel de Bernabé, en el año 1363. (14/04/1363)

Durante la Guerra de los dos Pedros, que enfrentaron a los reinos de Aragón y Castilla en el siglo XIV, el castillo de Báguena fue cercado por el ejército castellano que exigió la rendición incondicional del puesto. El alcaide del castillo, Miguel de Bernabé, se negó en rotundo, resistiendo el empuje de las tropas castellanas, hasta que el fuego arrasó completamente la fortaleza, muriendo el alcaide y los soldados que lo defendían.

Cuando el rey castellano Pedro I el Cruel, entro en la fortaleza, encontró el cuerpo quemado de Miguel de Bernabé y portando en una mano firmemente asida, una espada y en la otra mano las llaves de la fortaleza. Estas dos señales han pasado a formar parte de su escudo nobiliario.

Pintura de Miguel de Bernabé - Salvador Gisbert 1883

En las Cortes celebradas en Zaragoza en el año 1372, el rey aragonés reconoció la hazaña de Báguena, agradeciendo al difunto alcaide el gesto de preferir morir abrasado que entregar el castillo y decidió ennoblecer a todos los hijos de Miguel de Bernabé, ya fueran varones o hembras, permitiendo que el privilegio pudiera ser posteriormente heredado tanto por la línea masculina como femenina.

DECLARACIÓN DE INFANZONIA

Hecha a favor de los descendientes de Miguel de Bernabé, Defensor del Castillo de Báguena

Se hizo esta declaración en Cortes Generales del Reino de Aragón reunidas en Caspe en Octubre de 1371 y prorrogadas a Alcañiz para el año siguiente, por razón de la peste. En las citadas Cortes, después de referir el valor de Miguel de Bernabé, defendiendo el Castillo de Báguena hasta ser quemado en él sin soltar las llaves, dice el Rey ennobleciendo a sus hijos y descendientes:

texto original

“…Ideo ad suplicationem dictorum Brachiorum et Curiae generalis praedictae et de voluntate ipsorum, thenore praesentium infranquivit seu francos et inmunes, fecit, videlicet MICHAELEM DE BERNABÉ pupilari aetate constitutum, ibídem praesentem, et ejus sórores et omnes ipsorum, et alterius eorum posteritatem ab omni servitute Regali et vicinali. Et declaravit ipsos, unumquemque eorum, et descendentes ex eis, et ipsorum altero fore et ese INFANTIONES HERMUNIOS et debere gaudere PRIVILEGIO INFANTIONATUS, secundum quod quilibet Infantio hermuneus dicti Regni gaudere potest et debet”.

traducción al castellano

“… Por ello, conforme a lo alegado y a petición de los Brazos y Cortes generales predichas, y de voluntad de los mismos, eximió o hizo francos e inmunes de toda carga real y vecinal, a MIGUEL DE BERNABÉ allí presente y sujeto a tutela por su edad, a sus hermanas, a todos sus bienes, y a cualquiera otra persona de su posteridad. Y declaró a todos y a cada uno de ellos, a sus descendientes y a los otros que con ellos casaren, que sean y fuesen INFANZONES HERMUNEOS, y poder gozar del PRIVILEGIO DE INFANZONADO como cualquier Infanzón hermúneo del dicho Reino puede y debe gozar".

Este privilegio constituyó toda una excepción dentro de la legislación medieval aragonesa. Tradicionalmente sólo los hombres podían transmitir el privilegio nobiliario. Las mujeres eran receptoras de la cualidad, pero ésta se perdía en su persona, ya que no pasaba a sus descendientes. En el caso de los Bernabé, el rey decidió otorgar una gracia extraordinaria, con muy pocos ejemplos similares a lo largo de la historia del reino.

Celebró esta hazaña Gracia Dei, Rey de Armas de Don Fernando el Católico, en su Nobiliario manuscrito que escribió en verso:

“En esta entrada se vido
La gran fe de BERNABÉ;
Que bien que fue combatido
Mas nunca escuytó partido
Fasta que cremado fue,
Y ni aun por esas rendido:
Ca en sus manos abrasadas
Las claves fueron trobadas
Del Castillo que tenia,
Porque fue su nombradía,
Más que las más estimadas,
Y lo es hoy su Fidalguia,
Pues son sus fembras compradas”.

“Crónica y Anales de Aragón”, de la “Historia apologética en los Sucesos del Reino de Aragón”, por Gonzalo de Céspedes y Meneses:

“No emprendo en este asunto, los invencibles hechos, la magnanimidad y valentía con que ha asombrado al mundo esta noble nación…
… Razón será, que ocupe, la portentosa lealtad del nunca asaz loado MIGUEL DE BERNABé, este primer lugar. El cual, con más valor que tuvo Scévola, no la mano, como él, mas todo el cuerpo se dejó hacer cenizas por no faltar al homenaje de su Príncipe. Eralo entonces, D. Pedro el Quarto; y en Castilla, el Cruel de su mismo nombre. Cercó éste en las guerras que tuvo con los Aragoneses, el Castillo de Báguena; resistió el Bernabé a sus recios combates y amenazas, a sus grandes promesas y aun al deseo y temor de sus propios soldados y compañeros, y finalmente, faltándole su ayuda y el favor de la tierra, constante persistió único y solo, abandonado de sus soldados; y requerido se rindiese, no queriéndolo hacer (ni entregar las llaves del Castillo de su Rey) le pusieron fuego, y acabó consumido, mas no el claro renombre de su fidelidad; esto sucedió en los primeros días del mes de Abril de 1363. En memoria de ella permitió el Cielo, que entre las ruinas de auqella fuerza al querer levantarla, se hallase con las llaves la mano y brazo conservado é incorruptible. Mereció aqueste ejemplo estatuas y Columnas; mas la circunspección y templanza de los naturales, limitó sus trofeos. Gozan sus descendientes por todas línias privilegios de hidalgos.”

Miguel de Bernabé tenía dos hijos, Miguel y María. Ennoblecer a dos personas no suponía un gran esfuerzo para el rey ni para el Reino, mucho menos en un momento en el que los nombramientos eran habituales para agradecer los esfuerzos bélicos. Pero no pensaron que con el paso de las generaciones, lo que en un primer momento afectaba exclusivamente a dos personas se extendería como una mancha por el sur de Aragón, permitiendo que muchas familias, descendientes directas de Miguel de Bernabé, defendieran sus privilegios nobiliarios frente al fisco real y a las autoridades municipales, negándose a pagar algunos impuestos y a participar en las cargas concejiles.

Además, al permitir que la cualidad nobiliaria fuera heredada por las mujeres, convertía a las féminas de este linaje en esposas perfectas para cualquier miembro acaudalado del estado llano que aspirase a ingresar en el estamento nobiliario. El casamiento con una Bernabé, garantizaba que los hijos fueran considerados hidalgos de sangre, y que esta cualidad permaneciera desde ese momento en el nuevo linaje familiar. Las féminas descendientes de los Bernabé se convirtieron desde ese momento en anhelados aspirantes a matrimonios pactados, dando origen a las numerosas ramas que, poco a poco, se extendieron por todo el valle del Jiloca: Gil de Bernabé, Cuber de Bernabé, González de Heredia y Bernabé, Calvo de Bernabé, Gutierrez de Bernabé, Alpeñes de Bernabé, Lasarte de Bernabé, etc.

En el siglo XVII más de la mitad de los hidalgos que encontramos en la actual comarca de Jiloca estaban entroncados directamente con los Bernabé, y el número no dejaba de crecer. La situación era insostenible para muchos Concejos, pues la presencia de un elevado porcentaje de hidalgos exentos en la localidad les provocaba la disminución de los ingresos fiscales y un aumento de las cargas entre los vecinos pecheros. La Comunidad de Aldeas de Daroca, los municipios y los vecinos pecheros empezaron a protestar, entablando numerosos pleitos con el linaje de los Bernabé, negándose a reconocerlos como nuevos hidalgos. Las disputas se elevaron a la Real Audiencia, buscando la intervención de las autoridades reales.

En el año 1678, aprovechando la convocatoria de unas nuevas Cortes Aragonesas, el rey decide acabar con la excepcionalidad del privilegio, reconociendo la hidalguía y el derecho a transmitirla a todos los descendientes que estuvieran vivos en dicho año, tanto hombres como mujeres, pero determinando que a partir de ese momento la cualidad nobiliaria sólo podría ser heredada por los varones que nacieran en lo sucesivo. Las Cortes del siglo XVII acabaron con la proliferación del linaje de los Bernabé, que en los tres siglos anteriores se había extendido prácticamente por todos los pueblos del valle del Jiloca.

Actualmente se conservan numerosas piedras armeras que rememoran la hazaña del alcaide, repitiendo habitualmente los mismos motivos: un castillo en llamas y en lo alto, o asomándose por la ventana, un brazo armado del que penden dos llaves, las que Miguel de Bernabé se negó a entregar a los castellanos.

Los Bernabé han tenido o tienen casa solariega en Cosuenda. Así lo señalan el escudo y la casa que existen y que mostramos en este blog.

Por esta hazaña, el 10 de mayo de 1372 le fue concedida por el Rey D. Pedro IV de Aragón, privilegio de Infanzonía a todos los descendientes de un hijo (Miguel) y de dos hijas (María y desconocida) que quedaron de este valeroso alcaide y que sobrevivieron, cubiertos de las cenizas del incendio, en unas grutas subterráneas bajo tierra del castillo, por los que se les llamó los “libertados”. Este privilegio fue restringido por acuerdo de las Cortes del 05 de marzo de 1678 sólo a los descendientes varones a partir de esta fecha, ya que los tres privilegiados iniciales habían dado origen a 300 familias de infanzones provocando sus exenciones un importante perjuicio económico.